domingo, 3 de septiembre de 2017

CON EL EMOCIONADO HOMENAJE A MIS COMPAÑEROS DE LA CHAP- JAP, EN SU ANIVERSARIO



Es la reproducción de la carta enviada desde México del c. MANUEL VASQUEZ DÍAZ al c. Ricardo F. Ñique Cornelio.

Un recuerdo del último viaje de Víctor Raúl a Italia, con él están los hijos del compañero Ricardo Ñique, Ricardo y Rodolfo, Roma, diciembre 1977



Comunal 112, México D. F. México.
Mayo 5, de 1981


C. Ricardo Ñique Cornelio:



Gracias mil por sus líneas y por su magnífico envío de tres premonitorias fotos que me entregó en propias manos mi muy querida amiga Evita Flores. Sí, premonitorias fotos de usted, sus familiares y nuestro gran Jefe

Me impresionó, especialmente, aquella en que Víctor Raúl, entre sus dos hijos, mantiene al menor, entre sus brazos, mientras su rostro refleja una cierta evidente ternura triste, aunque esperanzada en la generación que nos sigue, ya que la de él no supimos utilizar el grandioso camino que él construyó.

Guardaré en mi relicario esas fotos y las mostraré a mis visitantes, pese a la participación culposa que me corresponda en la tristeza de Pachacútec.

 Yo también lamenté mucho, que un apremiante llamado de Paris impidiera nuestra entrevista en 1970. Pero me hago la promesa de visitarle tan pronto como me sea posible. Talvez, durante la segunda mitad del año presente. Mientras tanto, le abrazo fraternalmente a usted y todos los suyos.                

          




                                           Manuel             

                                                                                                                                    


El compañero MANUEL VAZQUEZ DÍAZ, a quien conocí en Roma, vivió en México íntimo amigo de mi hermano Manuel Ñique Cornelio, antropólogo Abrigaba grandes esperanzas en los jóvenes, en las generaciones que nos siguen, insistía, como la CHAP y la JAP. Fue ministro de Hacienda y un gran economista, asesor del Banco de México y autor de numerosos tratados, que ya tendremos ocasión de referir. De Víctor Raúl Haya de la Torre, me comentó que los compañeros que estuvieron con él en el exilio y durante la persecución supieron valorar y comprender la entrega total de su vida, su compromiso con el pueblo y con su Partido y eran tiempos muy dificiles.

En 1928, Haya de la Torre escribió en México “El antiimperialismo y el APRA”, cuyos originales fueron mecanografiados por Carlos Manuel Cox quien con el c. Manuel Vasquez Díaz y otros compañeros desterrados en la capital azteca, dieron vida a la primera edición Víctor Raúl Haya de la Torre, quería mucho a los niños, y se entretenía conversando con ellos. Recuerdo una tarde, en Huanchaco, desde la casa del compañero Hermes Cáceda contemplando a los menores que se adentraban al mar con sus tablas exclamó: “los niños de hoy serán los hombres de mañana” Por eso, Haya nunca descuidó su educación. Víctor Raúl fue un batallador incansable por la unidad de la familia, así la celebración de La Navidad del Niño, era la oportunidad para ver reunidas a las familias, para conocerse mejor y dialogar. Esta fiesta estaba dedicada especialmente a los niños del Pueblo pero era más que eso, era la oportunidad de juntar a la familia en una fiesta en que se ponían de manifiesto la solidaridad de los que más tienen con los que menos o nada tienen. La celebración nunca se interrumpió ni en los tiempos de la clandestinidad del Partido. Otras instituciones como Las Universidades Populares Manuel González Prada, Los Comedores Populares, El día de la Fraternidad, etc. Tenían como finalidad acercar a todos los peruanos sin distinción y estimular la convivencia.                                                                                

Termino con mi saludo especial a la militancia de la JAP, y mi llamado a los jóvenes compañeros: El legado de Víctor Raúl Haya de la Torre deben defender con Fe, Energía y Lealtad: “Sin una JAP fuerte, el APRA no tiene futuro”.                                                                                                                    

 Por Ricardo F. Ñique Cornelio